La Riqueza de las Naciones (Libro I - 2ª Parte)
Continuamos con La Riqueza de las Naciones para acabar de
comentar el Libro I con el análisis detallado que hace Adam Smith de los
salarios del trabajo, las ganancias del capital y las rentas de la tierra.
Sobre la formación de los salarios reflexiona A.Smith inicialmente sobre el
trabajo en general, sin particularizar demasiado en tipos de trabajo concreto
(lo cual hará más adelante).
En ese tratamiento genérico
indica que el empresario siempre tratará de pagar lo mínimo y que el trabajador
siempre tratará de cobrar lo máximo y que en ese enfrentamiento intereses contrapuestos
se podrán dar procesos de concertación, en la que los empresarios siempre
tienen las de ganar porque por una parte son menos y siempre tienen más
facilidades para concertarse y en segundo lugar porque la capacidad de aguante
de los trabajadores es generalmente muy limitada por lo que no podrán quedarse
sin trabajar largo tiempo lo cual limitará su poder de negociación.
También señala la importancia en
la evolución de los salarios del factor de crecimiento de la economía. Si un
país está decayendo o está en un estado estacionario los salarios no tenderán a
crecer, por el contrario en una economía que esté creciendo, si “faltan manos”,
los salarios tenderán a crecer a corto plazo (es una reflexión hasta cierto
punto “precursora” de la Curva de Philips, que relacionaba desempleo con
inflación (en el corto plazo).
Como ejemplo de economía en
crecimiento habla de la economía de las colonias americanas (todavía no
independizadas en el momento de publicar la obra) y como ejemplo de economía
estacionaria habla de China.
Ya a modo de curiosidad indica
que el salario del “trabajador” genérico se había establecido en torno a dos
veces la cantidad necesaria para su subsistencia. La explicación que da es que
las familias suelen tener dos hijos (teniendo en cuenta que suelen tener 4 pero
que la mortalidad infantil alcanza el 50%) y que los hijos suelen consumir para
su subsistencia la mitad que un adulto. Si damos por hecho que la mujer será
capaz de obtener con su trabajo al menos para su subsistencia, entonces en una
familia normal el padre con su trabajo tendrá que alimentarse a sí mismo y a
sus hijos y la mujer cubrirá su propia subsistencia.
Señala Smith posteriormente que
hubo una mejora del poder adquisitivo de los salarios evidente en el último
siglo en el Reino Unido y de que algunos consideran que esto es un peligro
moral, porque a mayor poder adquisitivo mayor esparcimiento. Adam Smith opone
que esto no es así, que es bueno y saludable que los trabajadores, que componen
la mayor “masa” de personas, tengan cada vez mayor poder adquisitivo y que les
vaya cada vez mejor.
Otro de los aspectos de los que
habla es de una especie de adaptación “malthusiana” (sin hablar por supuesto de
Malthus que fue posterior) de los trabajadores. Si a los trabajadores les va bien,
como tienden a procrear “de más” entonces cada vez hay más trabajadores y
eventualmente ese exceso de trabajadores repercute en que sus salarios vayan a
peor y no les vaya tan bien.(“Todos los animales se multiplican a proporción de
los medios de su subsistencia, y no hay especie que pueda multiplicarse más
allá de aquella proporción”).
A la hora de especificar ya un
poco más sobre los elementos que distinguen unos trabajos a nivel salarial de
otros Smith cita la demanda del tipo de trabajo en un momento determinado, de
la penalidad física o social del trabajo, del capital humano o formación que
hace falta para adquirirlo, del talento, de la estacionalidad, de la confianza
que se requiere, de la volatilidad de expectativas, de si el trabajo es en un sector
nuevo que tenga que atraer trabajadores o de si es un sector tradicional bien
conocido…
Por último también habla Smith un
poco de las condiciones de trabajo, señalando que el exceso de trabajo acaba
siendo “improductivo”, y que realmente con un mejor salario y unas mejores
condiciones de vida se suele incrementar también la productividad, por el mayor
interés que va a poner una persona bien pagada que mal pagada o por el mejor
rendimiento de una persona sana frente a una enferma.
Sobre la incidencia de los
salarios en los precios Smith señala los efectos contrapuestos que pueden
producirse, por una parte si suben los salarios su repercusión en los precios
harán que estos suban, pero por otra parte asocia una mayor productividad a un
mayor nivel de empleo que puede compensar el alza de los salarios. Desde luego
llama la atención que luego se supusiera una novedad a la “curva de Phillips”
cuando ya Smith había hablado de ello doscientos años antes (más o menos).
A mí me llama la atención que
Smith al ser el padre del capitalismo se le asocia con una actitud
pro-empresarios y anti-trabajadores, y nada más lejos de la realidad. De este
análisis que hace de la formación de los salarios del trabajo ya puede
deducirse que no era un “capitalista salvaje”, sino una persona con bastante
sensibilidad social, y anecdóticamente en alguna biografía se indica que sus
alumnos le apreciaban bastante en lo personal. Adicionalmente parece que Smith
era un economista que como ya se ha dicho en un post anterior era considerado
por Marx como una referencia intelectual y no un enemigo.
En su análisis sobre las ganancias de los fondos parte Adam
Smith de la base de que en su época no era fácil tener demasiada información
fidedigna de los rendimientos del capital, no había grandes registros contables
como ahora. Pero sí indica que lo que era más aproximado era tomar como
referencia los tipos de interés cobrados en los préstamos, dando por hecho que
el tipo de interés de los negocios debía hallarse correlacionado con este y por
encima (creo que en algún momento habla del doble).
Los rendimientos del capital
siguen las leyes de oferta y demanda y conforme mayor se va haciendo la
acumulación de capital, menor va siendo el rendimiento de los fondos y más
altos son los salarios (habla de los bajos rendimientos en la potencia
capitalista del momento eran los Países Bajos). No obstante, la acumulación de
fondo compensa su baja rentabilidad en términos de riqueza nacional.
En general en el capítulo llama
la atención los tipos de interés de los que habla Adam Smith, que
históricamente habían estado situados en torno al 4-5% en el último siglo, y
que era considerada una tasa bastante normal y que se puede encontrar en obras
literarias también del siglo XIX.
Aunque la rentabilidad de los distintos tipos de fondo tiende a converger
señala Smith que puede haber variaciones persistentes en función sobre todo del
riesgo, la legalidad, el nivel de
crecimiento...
En general, tanto sobre los
negocios como sobre los trabajos, indica Adam Smith que suele haber cierto
comportamiento irracional y que se suelen infravalorar los riesgos,
especialmente a la hora de emprender negocios.
Después de analizar la formación
de los salarios y la ganancia del capital Smith introduce un apartado en el que
analiza las distintas políticas
económicas que están llevando los estados en Europa y de sus efectos
sobre los rendimientos del trabajo y del capital.
Fundamentalmente señala Smith que
las leyes en Europa interfieren en ocasiones las libertades del trabajo y del
capital perjudicando el desarrollo económico natural. Esta interferencia se
produce bien restringiendo el número de trabajadores que pueden dedicarse a una
actividad (gremios), bien fomentando artificialmente el número de trabajadores
que se destinan a otra, o por último restringiendo la libre circulación de trabajadores y capitales de un lugar a
otro.
Básicamente Smith señala que en
Europa hay muchas prácticas restrictivas de la competencia de trabajadores con
motivo de las disposiciones gremiales que impiden muchas veces sin motivo
“moral” a un hombre ejercer el trabajo que considere oportuno, lo cual es malo
para el conjunto de la sociedad y genera un privilegio de unos en detrimento de
otros. En concreto señala la ventaja que tiene la ciudad sobre el campo porque
los dispersos trabajadores del campo no tienen tantas posibilidades de
asociarse como los de las ciudades lo cual genera una especie de competencia
desleal.
Respecto a las desventajas del
trabajador del campo Adam Smith dignifica al trabajador agrario de su época
indicando que aunque su escaso trato social hace que muchas veces la gente de
las ciudades no tenga en mucha consideración a los trabajadores del campo en
realidad estos tienen una variedad y necesidad de conocimientos que muchas
veces es muy superior a la del trabajador industrial.
Sobre la justificación que se
solía dar para apoyar la formación de gremios por suponer que garantizaban la
calidad de los productos indica Smith que no tiene mucha razón de ser ese
proteccionismo. Si alguien hace un producto de mala calidad serán libres los
compradores de rechazar sus productos si no les convienen o de comprarlos si
les convienen, con lo cual los malos productos quedarán rechazados si así lo
deciden los consumidores.
Sí admite Smith el efecto
positivo de los gremios en cuanto que también tienen funciones de cobertura
social, pues muchas veces pertenecer al gremio implicaba cierta protección por
ejemplo ante la enfermedad, viudedad, u otras contingencias, pero en general
consideraba que sus inconvenientes sociales superaban ampliamente sus ventajas.
Entra ya por último Smith a
analizar detenidamente las rentas de la
tierra, sobre la renta o el ingreso que puede esperarse de la posesión de
una tierra bien ya sea para agricultura, ganadería, aprovechamiento forestal
(madera) o minería.
Dada la importancia del sector
agrícola en la época de Adam Smith este capítulo es extenso, y trata casos muy
distintos, da muchos ejemplos, y básicamente la idea que subyace es que
regularmente el arrendatario de una tierra se tendrá que conformar con un
rendimiento que cubra los salarios del trabajo y la remuneración del capital, y
que el excedente es lo que va a parar al dueño de la tierra. Por lo tanto la
bondad o no de una tierra casi nunca redunda en beneficio de los labradores
sino en los señores.
Sobre las posibilidades de
explotar un terreno indica que no solo hay que tener en cuenta lo que puede llegar
a producir, sino su distancia con los núcleos urbanos, su transportabilidad y
la naturaleza del bien (por ejemplo, en aquellos bienes en los que la relación
peso valor sea muy buena no importará tanto la lejanía como en los bienes en
los que su relación peso valor sea mala).
En cuanto a la minería el ejemplo que da es el de las minas de Potosí, minas de plata que al ser muy buenas marcan el precio de la plata a nivel mundial, porque su valor peso compensa los costes de transporte.
Un desarrollo de estas ideas
sería elaborado por David Ricardo años más tarde.
Una vez hecho este análisis detallado de capital, trabajo y rentas del trabajo hay que aclarar que una misma persona podría formar parte de varias clases económicas a la vez. Por ejemplo un pequeño propietario de un terreno que invirtiera en medios para explotarlo y fuera la persona que lo trabajara sería al mismo tiempo trabajador, rentista de la tierra y capitalista.
Concluye el libro I Smith con una
digresión un poco popurrí titulada “Digresión sobre las variaciones del valor
de la plata en el transcurso de los cuatro siglos precedentes en el mercado de
Europa”, en donde efectivamente aporta datos sobre el nivel de precios en los
cuatro siglos precedentes formulando hipótesis sobre su aumento o disminución
intuyéndose en sus palabras una especie de ecuación monetaria (básicamente que
si inundas un país de dinero pero no se incrementa la producción lo que acabará
pasando es que subirán los precios) y en donde considera al comercio como una
especie de estabilizador natural de precios, dado que si un producto es
sensiblemente más barato en un sitio que en otro, el comercio redistribuirá las
mercancías hasta que los precios se acerquen.
Ya al final del libro I hay una
parte que me pareció muy interesante de conclusiones donde etiqueta el “carácter”
de los distintos perceptores de rentas (tierra, trabajo y capital).
Los perceptores de las rentas de
la tierra son según Smith, por así decirlo, los más jetas, dado que son los
beneficiados de las mejoras y adelantos de la producción agraria pues no tienen
por qué compartirla según las leyes vistas y además se benefician del
incremento de productividad en el sector de las manufacturas. Suelen ser la
clase más descuidada, pues es a la que menos desvelo le cuesta obtener su
renta.
Los trabajadores para Smith son los que más se benefician del
crecimiento y desarrollo de la sociedad y los que más sufren su decadencia. En
su contra va cierta mecánica maltushiana, es una clase generalmente inculta y
sin conocimientos para saber lo mejor para sus intereses.
Por último la tercera clase, los
capitalistas, son los que mueven la fuerza de trabajo de la sociedad. En una
sociedad que prospera el capital se va acumulando, pero su rentabilidad es cada
vez menor. La competición de
capitalistas es buena para la sociedad, pero el capitalista persiguiendo su
interés tratará de lograr monopolios o restricciones de competencia, son una
clase cuyos intereses son contrapuestos a los de la sociedad en su conjunto.
Y con esto concluyo mi resumen
del libro I, espero que se me haya entendido bien y que os haya resultado
instructivo e interesante.
Como nota anecdótica final sobre
el del libro I, me anoté el siguiente párrafo que aparece en un momento en el
que Smith habla sobre algunos tipos de manufacturas.
“La primera persona de quien se
dice haberse calzado medias de punto, en Inglaterra, fue la Reina Isabel, que
le fueron regaladas como cosa muy exquisita por un embajador de España”> La
principal manufactura de la época era el vestido. 😊
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