La Riqueza de las Naciones (Libro I - 1ª parte)

 

Como se comentó en el último post “La Riqueza de las Naciones” es considerado por muchos como la obra fundacional de la teoría económica tal y como se la conoce actualmente.

La obra es bastante extensa (unas mil quinientas páginas de un libro de formato intermedio por dar una referencia) y Adam Smith la dividió en 5 libros. En este post y en los siguientes voy a resumir la obra y a exponer las ideas o conceptos que a mí me han parecido fundamentales, centrándonos en este post en la primera parte del Libro I.

Libro I. “De las causas del adelantamiento y perfección en las facultades productivas del trabajo, y del orden con que su producto se distribuye entre las diferentes clases del pueblo”.

 

La primera declaración del libro es sobre el concepto de la riqueza de una nación. La riqueza de la nación está asociada según Smith a su capacidad productiva. Una nación será más rica si sus individuos mediante su medios de producción pueden proporcionarse el mayor número de bienes y servicios, bien para consumirlos ellos mismos o bien para intercambiarlos por otros con otras naciones.

Esta declaración que parece evidente y sensata no lo era tanto en aquella época. Con anterioridad a Smith y en una corriente que fue bastante seguida en los siglos XVI y XVII, algunos consideraban que la riqueza de la nación venía determinada por la cantidad de metales preciosos o de moneda que era capaz de acumular (se supone que esa noción de riqueza está asociada a lo que algunos historiadores han denominado mercantilismo).

¿Y qué es lo que aporta productividad a una nación? Pues apunta Smith que el factor clave es el trabajo especializado basado fundamentalmente en la división del trabajo. Dos trabajadores herreros “generalistas” por así decirlo, serán capaces de producir 100 clavos y 50 herraduras en un día de trabajo, pero si esos dos trabajadores se especializan, uno en clavos y el otro en herraduras y se dividen la tarea, posiblemente incrementarán su pericia, se especializarán y producirán 150 clavos y 80 herraduras con las mismas horas de trabajo. Ese es el concepto de mayor productividad asociada a la división del trabajo.

 

Para poner ejemplo, Adam Smith habla de la fabricación de alfileres describiendo la multitud de tareas en que se puede dividir el trabajo de un objeto aparentemente tan sencillo (un ejemplo que ha pasado a ser “clásico”), y advierte de que la división del trabajo es más plausible en el ámbito de las manufacturas que en el ámbito de la agricultura y la ganadería y por eso supone que las naciones que tendieron hacia la manufactura progresaron más rápidamente (en su época).

 

La especialización de los trabajadores y el aumento de su productividad tiene un efecto globalmente positivo en toda la sociedad según Smith porque al final en términos de horas de trabajo se abaratan los productos conforme se incrementa la productividad.

El hecho de que un trabajador se especialice en un producto tiene un elemento condicionante bastante importante, que es la amplitud de mercado, la escala. Si tu mercado es demasiado pequeño puede que especializarse demasiado no tenga sentido porque no vas a poder vender tu producto o servicio en volumen suficiente (pensemos por ejemplo que en Madrid puede haber tiendas especializadas en comida sin gluten y funcionar mientras que en Teruel esa misma tienda no tendría mercado suficiente).

Smith señala que ese mercado más amplio que da lugar a la especialización puede conseguirse a base de comerciar si el producto es capaz de aguantar ciertos costes de transporte y que por eso en su época las regiones costeras habían sido en general mucho más prósperas que las interiores por esa posibilidad.

El ferrocarril en el siglo XIX y unas mejores redes de transporte en el siglo XX posibilitaron en gran medida que hubiera regiones interiores que también obtuvieran un mejor desarrollo al ampliar su mercado y por tanto sus posibilidades de especialización y comercialización de sus materias primas.

 

Este libro I también aborda brevemente el tema de los precios y el dinero. En la parte del dinero Smith hace una breve descripción histórica del dinero, cómo se fue desarrollando en las sociedades antiguas hasta estandarizarse mundialmente el uso del oro y la plata. En este punto no resulta especialmente novedoso aunque desde un punto de vista historiográfico es curioso ver cómo cita fuentes de la literatura griega o la Biblia para describir cómo se fue creando el dinero.

La idea general que expresa Smith sobre el dinero es que inicialmente los intercambios se hacían mediante trueque sin que existiera un medio de pago generalmente aceptado o dinero, lo cual obligaba a buscar a personas determinadas para intercambiar tus productos por otros que te interesasen. Posteriormente la gente empezó a acumular bienes de uso general que podían ser aceptados por un mayor número de personas, como las reses, el grano o los metales y se aceptaban estos productos para hacer intercambios aunque uno no estuviera específicamente interesado en hacer un uso inmediato de ellos. Finalmente los metales preciosos ganaron esta batalla como medio general de aceptación al contar con unas características especialmente buenas para ser depósito de valor al ser fácilmente transportables (buena relación peso/valor), intercambiables, duraderos (no pierden sus propiedades con el paso del tiempo), divisibles en pesos y medidas conocidos (la moneda es eso básicamente) y fungibles.

 

Sobre la evolución de los precios Smith indica que se mide generalmente en dinero, pero que ese precio es el precio nominal de las cosas y que el precio más importante de las cosas, el precio “real”, es el que mide las cosas según la cantidad equivalente de trabajo para conseguirlas. Sería una especie de concepto del poder adquisitivo.

Por poner un ejemplo, si el precio de un bien en un momento determinado era de 30 euros y el salario “normal” era de 15 euros la hora, el precio de ese bien puede convertirse a dos horas de trabajo. Si en el futuro el precio de ese mismo bien ha subido a 40 euros pero el salario “normal” ha pasado a ser de 30 euros el precio de ese bien convertido a horas de trabajo sería de algo menos de una hora y media de trabajo, con lo que su precio nominal sería superior, pero su precio real menor.

En general indica Smith que el precio nominal de los productos está sujeto a muy diversos accidentes (por ejemplo, el descubrimiento de las minas de Potosí en el siglo XVI que redujo el valor nominal de la plata), pero que en las sociedades progresivamente más productivas el precio real de los productos tiende a disminuir.

En cuanto a la distribución del precio de los bienes y servicios Smith establece que debe cubrir o dividirse básicamente en tres “montones” que serían:

·         Las rentas de la tierra (vendría a ser la parte del precio que paga el uso o disposición de los recursos naturales)

·         Los salarios (que remuneran el trabajo)

·         Y la remuneración del capital (el que financia o pone los medios materiales para ejecutar el trabajo).

Del último componente, el capital, admite dos formas, una sería el interés, si es un mero préstamo, y otra sería la ganancia, si el que pone el capital es el emprendedor. La razón de ser de la remuneración del capital es el riesgo que asume el prestamista o empresario cuando emprende o financia el negocio.

A lo largo de la obra Smith agrupará en ocasiones a las personas económicamente hablando entre rentistas de la tierra, trabajadores y capitalistas, con lo que estamos ya ante el germen del concepto de clase que sería una idea esencial en el marxismo.

 

En relación con el precio de un producto, Smith introduce también el concepto de precio natural como el precio que debe remunerar razonablemente todos sus componentes (capital, trabajo y renta de la tierra). A la cantidad de demanda de un producto en su precio natural la denomina demanda efectiva.

El precio real en cualquier producto sujeto a la libre competencia gravita en torno a ese precio natural, siendo sus desviaciones consecuencia de algunos factores coyunturales (una guerra, un desastre natural, la meteorología en productos agrícolas, etc…).

Si por cualquier motivo el precio real fuese superior al precio natural, acabaría habiendo mayor concurrencia de capitales hacia ese producto y su precio volvería a acercarse al natural por la competencia. De manera inversa si hubiera un precio inferior al natural el producto se dejaría de producir, se haría relativamente más escaso y su precio subiría hasta el natural.

Hay algunos factores legales que pueden provocar que el precio real sea largamente superior al natural (por ejemplo, un monopolio legal o un secreto tecnológico). En cualquier caso dado que los monopolios son reglas del Estado Smith indica que es mal negocio para la riqueza de las naciones el establecimiento de monopolios y en general de restricciones de competencia.

Por el contrario el precio inferior al natural no es sostenible largamente, porque el empresario se retirará lo antes posible del mercado si no ve rentabilidad (de ahí que en la mayoría de las ocasiones el control de precios sea contraproducente porque su efecto normal es que o desabastezca el mercado o que el producto tenga que venderse en el mercado negro mucho más caro de lo que resultaría en un mercado libre).

 

Y bueno, aquí lo dejamos por hoy, que se está haciendo largo. En el próximo post remataremos el libro I con la profundización que hace Smith al comentar las circunstancias y naturaleza de salarios, capital y rentas de la tierra.


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