La transición al dinero fiat ¿Es tan fiat el fiat?
Por hacer un repaso muy rápido y simplificado de la historia del dinero, en los albores de la historia el dinero lo constituían bienes con una utilidad generalmente requerida (por ejemplo la comida), y que precisamente gracias a esa utilidad generalmente requerida, pudieran ser objeto de intercambio con cualquier persona de la que se pudiese requerir un bien o servicio. En la literatura antigua, podemos encontrar ejemplos de los bienes que se utilizaban como dinero y que servían no solo de objeto de intercambio de una transacción, sino como referencia de valor.
Podemos encontrar referencias a medidas de trigo, cabezas de ganado, cantidades de metales preciosos, etc…
Conforme se fue incrementando el comercio, los metales preciosos fueron ganando terreno en esta competición de bienes por convertirse en dinero. Esta ventaja era la que les proporcionaban sus propiedades físicas, muy adecuadas para convertirse en depósitos de valor estable, y por lo tanto en dinero. Los metales, especialmente los metales preciosos, no sufren deterioro con el paso del tiempo, se pueden fraccionar, son fungibles, tenían una excelente relación valor/peso, y eran escasos.
Especialmente a partir del siglo XVI, el desarrollo de la banca dio lugar a una innovación, el papel moneda. En sus diversas formas empezaron a circular por las sociedades que tenían sistema bancario “papeles” que en esencia representaban la promesa de un emisor (los bancos) de entregar a su tenedor una cantidad de dinero (oro o plata) a quien se lo presentara, a veces esos papeles tenían fechas específicas de pago, otras prometían un pago por su mera presentación en el banco... Si el emisor del papel tenía buena reputación, su papel valía en realidad tanto como el oro que decía el papel emitido, teniendo la ventaja de ser más transportable y seguro, si por el contrario caía la reputación del banco emisor, el papel dejaba de tener valor.
Este negocio del papel moneda dio numerosos sustos porque tarde o temprano muchos banqueros acababan emitiendo papel moneda por unos importes de los que no tenían realmente capacidad de repago del oro que prometían, eran en definitiva esquemas Ponzi.
Al final en muchos casos y debido en parte a los sustos mencionados, la emisión de papel moneda respaldada por oro acabó siendo un monopolio del estado, pero claro, los estados en muchos casos también se veían tentados de emitir por encima de sus posibilidades, especialmente en el caso de necesidades acuciantes (por ejemplo en el caso de una guerra) y acababan siendo un esquema tan Ponzi como el que habían sido los bancos privados.
Después de la segunda guerra mundial parecía que solo Estados Unidos podía respaldar la emisión de su dinero con sus reservas de oro y por lo tanto el dólar estadounidense acabó convertido en la divisa de referencia para las transacciones internacionales. En el año 1944 en la llamada conferencia de Bretton Woods, los países más relevantes del mundo, acordaron respaldar el papel del dólar como moneda de referencia y vincularon a su vez sus divisas al dólar. De forma muy resumida, entre los países de Bretton Woods había un compromiso de mantener una convertibilidad entre sus divisas y el dólar, y a su vez el dólar era en teoría convertible en oro, por lo tanto las divisas del acuerdo de Bretton Woods eran indirectamente convertibles también en oro a través del dólar con ciertas reglas.
Esto funcionó…hasta el año 1971. Estados Unidos empezó a caer en la trampa en la que habían caído otros antes que él y financió sus déficits cada vez mayores con la emisión de dólares sin respaldarlos con mayores reservas de oro o de otras divisas y eso empezó a generar ciertas desconfianzas entre los socios de Bretton Woods. Estados Unidos empezó a tener problemas para atender a los países que querían cambiar sus dólares por el oro que teóricamente los respaldaba. Finalmente, en 1971 el presidente Richard Nixon declaró que se cancelaba la convertibilidad legal de dólares por oro. Con ello, el dinero mundial, que desde hacía casi 2500 años había estado respaldado por el valor intrínseco del oro, pasaba a ser un dinero sin un respaldo físico, respaldado únicamente por la imposición legal de los estados (dinero “fiat”).
¿Puede realmente tener valor un dinero fiat que no está respaldado por nada físico? ¿Por qué no colapsó en ese momento el sistema monetario internacional? Una de las respuestas más comunes a esto es que el dinero fiat puede tener valor porque tiene el respaldo de los estados que lo emiten. Un estado puede respaldar el valor de su moneda básicamente obligando a pagar impuestos o determinados servicios públicos en su moneda, o tomando medidas legales que de alguna manera obliguen a su uso. Algunos economistas liberales de una forma un poco exagerada dicen que el dinero fiat tiene valor porque existe un matón llamado estado que nos obliga a utilizarlo.
En la transición que se produjo entre patrón oro y dinero fiat en 1971 hay un aspecto adicional al valor del fiat que muchos suelen olvidar, el dinero fiat, que surgió en 1971 tenía una “inercia” enorme que fue respaldada legalmente.
¿A qué me refiero cuando hablo de “inercia”? En 1971, el mundo llevaba un ritmo de crecimiento internacional y comercial enorme y ese crecimiento se había financiado en dólares. Había ya cifras billonarias de deudas contraídas en dólares garantizadas con activos reales (por poner un ejemplo hipotecas) y esas deudas no estaban condicionadas o no a la convertibilidad del dólar en oro. Si alguien tenía una hipoteca de 10.000$ en 1970, seguía debiendo 10.000$ en 1972, no su equivalente en oro. Por lo tanto el dólar seguía respaldado por valor “real”, por el valor de todos los activos, ya fueran públicos o privados, sobre los cuales pesara una carga real en caso de impago de los dólares y gracias a ello a pesar de haber perdido su convertibilidad en oro el dólar siguió manteniendo su estatus de moneda de referencia internacional. En realidad, es para mí este factor el más relevante de toda la película.
En otras divisas que hasta ese momento habían sido indirectamente convertibles en oro pasó en cierta medida lo mismo, existía una inercia que también ayudo a frenar un descalabro.
Por último, es conveniente apuntar, la apertura de una economía, especialmente si tiene superávit comercial, también respalda el valor del dinero fiat de un estado en el sentido de que si los ciudadanos y entidades de un estado otorgan valor a su moneda y realizan sus transacciones internacionales con ella están obligando a los ciudadanos y entidades extranjeras a demandarla, y por lo tanto a respaldar su valor.
Desde 1971 hasta la actualidad el dinero fiat de las divisas fuertes (dólar, euro, yen, etc…) ha mantenido su inercia y han sido los nuevos “metales preciosos” a pesar de no estar respaldados por ellos, no obstante lo que hay que entender es estos “nuevos metales preciosos” deben seguir las normas mismas normas de los antiguos metales preciosos para preservar su valor y su funcionalidad como dinero, especialmente en lo referido a su escasez relativa, para ello es necesario que los bancos centrales defiendan la estabilidad de precios y no interfieran en exceso en el mercado de capitales de tal manera que los tipos de interés estén en periodos prolongados muy por debajo de los niveles de inflación.
Respecto a las criptomonedas, y ya lo he dicho alguna vez, tienen más en común con el dinero fiat que con el oro, porque no tienen utilidad que las respalde más allá de poder ser utilizadas como unidades de cuenta, por lo tanto, si alguna de ellas aspira realmente a convertirse en dinero, debería obtener lo que tienen las monedas fiat que han funcionado, es decir, un respaldo legal por parte de los estados de tal forma que se obligue a ciudadanos o a entidades a pagar en criptomoneda y por otra parte obtener una inercia por la cual un número suficientemente grande de agentes realmente maneje su economía (incluyendo endeudamiento con garantía real) en criptomoneda.
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